Hasta ahora mi terraza siempre ha sido una lugar de sensaciones y situaciones encontradas. Siempre intensas.
Hace muy poco que las sensaciones se han asentado en expresiones muy positivas y van tomando presencia y dirección como las chispas en esta foto de mi plaza.
No reniego de la negativas, pues siempre han dado un balance positivo por aquello del aprendizaje.
¿Alguien se lo cree?
Siempre me han gustado los toboganes y dejarme invadir por el vértigo que me produce el deslizarme por ellos y la inmediatez de la respuesta de mis vísceras en ellos (soy un amante y cultivador de mis sensaciones viscerales) , y mi terraza se está convirtiendo en un tobogán.
Vuelo en las cosquillas que me producen en el estómago, no todo van a ser mariposas, vaya idiotez.
El miedo al desequilibrio que me puede producir poner los pies en el suelo no me frena, es un acicate.
Y creo que me voy a dejar llevar por el tobogán de mi terraza.
Sé que me voy a dejar llevar por el tobogán de mi terraza.
Quiero dejarme llevar por el tobogán de mi terraza.
Y desequilibrarme para encontrar el equilibrio.
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