Foto by blckshdw
El maestro anestesista nos envolvía con su gas narcoléptico mientras el cirujano nos observaba con mirada analítica.
Con dedos expertos dirigió su bisturí hacia las conexiones de nuestras ideas.
El “chac chac” de los cortes en sus uniones limpias sonaba como las tijeras de un sastre cortando raso.
Poco a poco solo iba dejando los razonamientos ilógicos e inconexos.
Con los nudos de las dudas perfectamente limpios de respuestas y conclusiones dogmatizadas.
Vida.
Las caricias de la sinrazón, puerta de la curiosidad, nos relajan.
Las respuestas así nacen solas y libres.
Sin prostituirlas con imposiciones racionales.
Hay que hacerse cirugía para eliminar el sentido común y volver a ser vírgenes de intención.
- Hola, que estas leyendo?
- Un libro muy interesante que habla de …
- Gracias, ya no me interesa

